Otra forma de acoso laboral, esta vez a priori y desde las empresas, tanto públicas como privadas: Acoso y derribo al trabajador a partir de los cuarenta. Un golpe decisivo al concepto de Salud y Seguridad Ocupacional y Ambiental
No hay más que asomarse a la ventana para ver el panorama que tenemos, panorama del que soy testigo en España pero que me consta se hace extensivo a otras partes del mundo.
Quien se sitúa en la otra parte de la mesa, el contratante o el entrevistador, han decidido con soltura convocar procesos de selección en los que, si entra una persona en la cuarentena de su vida, lo más probable, lo más seguro, es que se dé el paseo desde su casa al lugar de la convocatoria en balde.
Al parecer el mundo es de los que están en el lustro primero de los treinta, -¡…qué fugaz es la vida…!-, cuando tengas treinta y seis no es que no seas joven, es que directamente van a ir prescindiendo de ti alegremente y no le encontrarás una lógica explicación, simplemente, porque no la tiene.
La gente se olvida de la experiencia, habilidades y conocimientos que ha adquirido un profesional con la trayectoria que da el haberse dedicado toda su vida laboral al ejercicio de su profesión. Y cuando estás en el mejor momento de tu vida, personal y profesional, deciden que ya no es tiempo para ti, que es el turno de otros. ¡¿Pero no parece un poco pronto jubilar fácticamente a una persona en los cuarenta de su vida?!
...
Vemos devenir la temática en una lucha de poderes, de una parte la experiencia, la sabiduría, la cordura …; de otra parte la fuerza de la juventud que se quiere comer el mundo, le haya hecho algo éste o no, y por tanto puede considerar como un posible opositor, rival, contrincante, problema al cabo, a una persona que lo único que pretende es trabajar, honradamente, y dar de sí lo más que pueda; generalmente un mayor de cuarenta rara vez llega tarde a su trabajo, el rendimiento está asegurado, por tanto a nivel de salario esto debería ir acompañado de una digna retribución. En este estado de la cuestión es muy posible que el trabajador se pueda sentir cuestionado, excesivamente observado, coartado, atropellado incluso, simplemente porque no se delimitan bien las posiciones y se adoptan roles confusos. Y realmente esto no tiene razón de ser, no ha lugar el enfrentamiento, cuando hay buena voluntad, realmente el más joven tiene muchísimo que aprender del mayor, pero el mayor se beneficia de la fuerza tremenda que tiene la juventud en todo su apogeo, de su energía, de su vitalidad. En vez de construir, se opta por otra cosa muy distinta: rivalidad, exclusión laboral, que lleva al deterioro familiar, que lleva a la exclusión social, que lleva a la locura; y es que lógicamente, hay que trabajar mucho para no volverse loco cuando uno está en la plenitud de su vida y lo quieren enterrar en vida.
Hay ejecutivos, -y no ejecutivos-, que apenas empiezan su trayectoria laboral y ya imponen su arrogancia, personal, académica …, y con ello crean un corrupto clima laboral contra el que el trabajador tiene poco que hacer, porque no tiene la sartén por el mango, sino que está dentro de la sartén, que es muy distinto. Pero la ignorancia es atrevida, inconsciente, habría que pararse a pensar que si hoy estás en los treinta dentro de diez años vas a estar en los cuarenta, justo donde esa persona ha puesto hoy el blanco de su diana; y por lo que he tenido la oportunidad de ver, la vida es como un libro, con muchas páginas, pero a veces el paso de una página no significa que sigue el discurso, no siempre es así, a veces, lo que significa, es que se cambia de capítulo, o simplemente que se ha terminado la historia. Es para pensar…
Hay que saber y aceptar plenamente que la diversidad es enriquecedora, y la diversidad no es que “convivan” en un mismo país personas de distintos colores, no, por supuesto que no, es mucho más que eso, la persona no es la apariencia, al menos no solamente, la persona es mucho más, sobre todo es lo que hay dentro del cuerpo, un alma, energía, amor e inteligencia, la diversidad en realidad es la vida. Habrá que vivirla. Y bien, en el sentido de bien ordenadamente, con justo criterio, con honestidad, aceptando a la gente, ello no conlleva más que al éxito, y esto no es tan difícil de entender.
Hay que tener en cuenta que las personas tienen capacidades valiosísimas, cuanto más joven, más en potencia están, cuanta más experiencia, más desarrolladas estarán esas capacidades, que al principio todos hemos tenido en potencia. Por tanto es radicalmente falso que la adptabilidad a los tiempos y al progreso, al cambio en definitiva, sea algo que se pierda con la edad; un buen profesional, en el mundo inestable laboral que tenemos, donde los contratos duraban años antes y ahora escasos meses, no solo ha aprendido a adaptarse sino que se ha entrenado en la práctica en ello, tenemos una persona adaptable y además muy experimentada en diversos campos, en diversos puntos dentro de su profesión.
Pues no. Estamos en tiempos en que la rentabilidad está mal entendida. Se tiende al trabajo precario, contratos de prácticas, becas, etc., donde lógicamente un profesional en los cuarenta está más que excluido, no van a contratarlo de prácticas porque tiene sobrada experiencia, y casi inherente al concepto de beca es el concepto de formación, así que el profesional con años de servicio queda al margen.
No se busca la rentabilidad a largo plazo, la rentabilidad real, se busca salir del paso, hacer cosas rápidamente, aunque sean de menos nivel, pero el precio de ese trabajo es infinitamente menor, no se crea vinculación laboral, incluso se establecen contratos de escasísimos meses con lo que son inexistentes los derechos a la percepción posterior del subsidio por desempleo; también contratos indirectos o por servicios profesionales muy determinados y con gran apremio de tiempo. La calidad en el trabajo disminuye, el trato al personal poco o escasamente cualificado es distinto también; si es cualificado y el contrato es precario sucede igualmente. Todo ello lleva una carga psicosocial, unas carencias, un estrés, unos abusos de autoridad, etc. que terminan con cualquiera. El profesional competente y cualificado sufre, profesionalmente y personalmente, se lo está degradando, y no ha hecho nada para que le arranquen los galones, al contrario, es su entorno el erróneo. ¡Qué mal todo!.
Pero todo esto pasa porque se consiente, por qué no se controlan todos los procesos de selección, privados o públicos, las oposiciones hoy no son una garantía de imparcialidad, sino todo lo contrario y esto es de dominio público, pero sigue sucediendo. Una solución sería inspeccionar a las mismas empresas de selección que se responsabilizan de llevar a cabo los procesos. Otra solución cumplir con lo resuelto por el legislador, para qué está la Ley, a veces nos hacen pensar que está para saltársela. Otra solución sería punitiva, si existen irregularidades, infracciones a la legalidad, cómo es que no se persiguen y se condenan. La situación preventiva y socioeconómica de los ciudadanos en realidad no se soluciona porque desde los poderes públicos parece no existir voluntad, porque estas cosas se están permitiendo y continúan produciéndose y me temo que lamentablemente a mayor escala.
Es muy importante saber las competencias con las que contamos, pero también es importante que valoran las competencias que tenemos, el respeto en el más amplio sentido de la palabra es muy importante. Teniendo esto en cuenta podrá ser aplicado exitosamente a un puesto de trabajo, a un cargo, a un empleo.
Leer más en: ecofield.com.ar
No hay más que asomarse a la ventana para ver el panorama que tenemos, panorama del que soy testigo en España pero que me consta se hace extensivo a otras partes del mundo.
Quien se sitúa en la otra parte de la mesa, el contratante o el entrevistador, han decidido con soltura convocar procesos de selección en los que, si entra una persona en la cuarentena de su vida, lo más probable, lo más seguro, es que se dé el paseo desde su casa al lugar de la convocatoria en balde.
Al parecer el mundo es de los que están en el lustro primero de los treinta, -¡…qué fugaz es la vida…!-, cuando tengas treinta y seis no es que no seas joven, es que directamente van a ir prescindiendo de ti alegremente y no le encontrarás una lógica explicación, simplemente, porque no la tiene.
La gente se olvida de la experiencia, habilidades y conocimientos que ha adquirido un profesional con la trayectoria que da el haberse dedicado toda su vida laboral al ejercicio de su profesión. Y cuando estás en el mejor momento de tu vida, personal y profesional, deciden que ya no es tiempo para ti, que es el turno de otros. ¡¿Pero no parece un poco pronto jubilar fácticamente a una persona en los cuarenta de su vida?!
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Vemos devenir la temática en una lucha de poderes, de una parte la experiencia, la sabiduría, la cordura …; de otra parte la fuerza de la juventud que se quiere comer el mundo, le haya hecho algo éste o no, y por tanto puede considerar como un posible opositor, rival, contrincante, problema al cabo, a una persona que lo único que pretende es trabajar, honradamente, y dar de sí lo más que pueda; generalmente un mayor de cuarenta rara vez llega tarde a su trabajo, el rendimiento está asegurado, por tanto a nivel de salario esto debería ir acompañado de una digna retribución. En este estado de la cuestión es muy posible que el trabajador se pueda sentir cuestionado, excesivamente observado, coartado, atropellado incluso, simplemente porque no se delimitan bien las posiciones y se adoptan roles confusos. Y realmente esto no tiene razón de ser, no ha lugar el enfrentamiento, cuando hay buena voluntad, realmente el más joven tiene muchísimo que aprender del mayor, pero el mayor se beneficia de la fuerza tremenda que tiene la juventud en todo su apogeo, de su energía, de su vitalidad. En vez de construir, se opta por otra cosa muy distinta: rivalidad, exclusión laboral, que lleva al deterioro familiar, que lleva a la exclusión social, que lleva a la locura; y es que lógicamente, hay que trabajar mucho para no volverse loco cuando uno está en la plenitud de su vida y lo quieren enterrar en vida.
Hay ejecutivos, -y no ejecutivos-, que apenas empiezan su trayectoria laboral y ya imponen su arrogancia, personal, académica …, y con ello crean un corrupto clima laboral contra el que el trabajador tiene poco que hacer, porque no tiene la sartén por el mango, sino que está dentro de la sartén, que es muy distinto. Pero la ignorancia es atrevida, inconsciente, habría que pararse a pensar que si hoy estás en los treinta dentro de diez años vas a estar en los cuarenta, justo donde esa persona ha puesto hoy el blanco de su diana; y por lo que he tenido la oportunidad de ver, la vida es como un libro, con muchas páginas, pero a veces el paso de una página no significa que sigue el discurso, no siempre es así, a veces, lo que significa, es que se cambia de capítulo, o simplemente que se ha terminado la historia. Es para pensar…
Hay que saber y aceptar plenamente que la diversidad es enriquecedora, y la diversidad no es que “convivan” en un mismo país personas de distintos colores, no, por supuesto que no, es mucho más que eso, la persona no es la apariencia, al menos no solamente, la persona es mucho más, sobre todo es lo que hay dentro del cuerpo, un alma, energía, amor e inteligencia, la diversidad en realidad es la vida. Habrá que vivirla. Y bien, en el sentido de bien ordenadamente, con justo criterio, con honestidad, aceptando a la gente, ello no conlleva más que al éxito, y esto no es tan difícil de entender.
Hay que tener en cuenta que las personas tienen capacidades valiosísimas, cuanto más joven, más en potencia están, cuanta más experiencia, más desarrolladas estarán esas capacidades, que al principio todos hemos tenido en potencia. Por tanto es radicalmente falso que la adptabilidad a los tiempos y al progreso, al cambio en definitiva, sea algo que se pierda con la edad; un buen profesional, en el mundo inestable laboral que tenemos, donde los contratos duraban años antes y ahora escasos meses, no solo ha aprendido a adaptarse sino que se ha entrenado en la práctica en ello, tenemos una persona adaptable y además muy experimentada en diversos campos, en diversos puntos dentro de su profesión.
Pues no. Estamos en tiempos en que la rentabilidad está mal entendida. Se tiende al trabajo precario, contratos de prácticas, becas, etc., donde lógicamente un profesional en los cuarenta está más que excluido, no van a contratarlo de prácticas porque tiene sobrada experiencia, y casi inherente al concepto de beca es el concepto de formación, así que el profesional con años de servicio queda al margen.
No se busca la rentabilidad a largo plazo, la rentabilidad real, se busca salir del paso, hacer cosas rápidamente, aunque sean de menos nivel, pero el precio de ese trabajo es infinitamente menor, no se crea vinculación laboral, incluso se establecen contratos de escasísimos meses con lo que son inexistentes los derechos a la percepción posterior del subsidio por desempleo; también contratos indirectos o por servicios profesionales muy determinados y con gran apremio de tiempo. La calidad en el trabajo disminuye, el trato al personal poco o escasamente cualificado es distinto también; si es cualificado y el contrato es precario sucede igualmente. Todo ello lleva una carga psicosocial, unas carencias, un estrés, unos abusos de autoridad, etc. que terminan con cualquiera. El profesional competente y cualificado sufre, profesionalmente y personalmente, se lo está degradando, y no ha hecho nada para que le arranquen los galones, al contrario, es su entorno el erróneo. ¡Qué mal todo!.
Pero todo esto pasa porque se consiente, por qué no se controlan todos los procesos de selección, privados o públicos, las oposiciones hoy no son una garantía de imparcialidad, sino todo lo contrario y esto es de dominio público, pero sigue sucediendo. Una solución sería inspeccionar a las mismas empresas de selección que se responsabilizan de llevar a cabo los procesos. Otra solución cumplir con lo resuelto por el legislador, para qué está la Ley, a veces nos hacen pensar que está para saltársela. Otra solución sería punitiva, si existen irregularidades, infracciones a la legalidad, cómo es que no se persiguen y se condenan. La situación preventiva y socioeconómica de los ciudadanos en realidad no se soluciona porque desde los poderes públicos parece no existir voluntad, porque estas cosas se están permitiendo y continúan produciéndose y me temo que lamentablemente a mayor escala.
Es muy importante saber las competencias con las que contamos, pero también es importante que valoran las competencias que tenemos, el respeto en el más amplio sentido de la palabra es muy importante. Teniendo esto en cuenta podrá ser aplicado exitosamente a un puesto de trabajo, a un cargo, a un empleo.
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